El discípulo escondido de Bergman

(publicado originalmente en El Mundo Today)

Han hecho falta más de cuarenta años para que el público español pueda ver “Personer med Paraply”. “Personas con paraguas” -traducción aproximada del título al castellano- no se había estrenado en Suecia hasta este mismo mes, días después de la muerte de su autor. De hecho, la peculiar y enigmática historia de la cinta la apartó casi totalmente de las salas, convirtiendo a Gunnar Sjöberg y a la que iba a ser su obra cumbre en absolutos desconocidos en la propia Suecia. El director dejó escrito que sólo tras su fallecimiento -que tuvo lugar el día 23 de enero- este homenaje musical a su maestro y mentor Ingmar Bergman podría ver la luz en Europa.

El cartel original de la películaFue durante un viaje a Cherburgo, cinematográfico puerto de la Baja Normandía, cuando la visión del director sobre la mujer y sus siempre complicadas relaciones con los paraguas iba a cambiar para siempre. Allí, en el lluvioso octubre de 1964, Sjöberg entendió la complejidad de las interacciones entre persona y objeto, entre mujer y paraguas, dos entes para los que la belleza no es tanto el reto al que el artista debe enfrentarse como agua que los une y los mueve. De allí, el director volvió a su Skucku natal, un pequeño pueblecito perdido en los inabarcables bosques suecos, para iniciar un rodaje que Bergman desaconsejó por no estar Sjöberg, a su modo de ver, “preparado para tamaña gesta”. Lo que parecía un consejo del mentor acabó siendo una dolorosa profecía. El rodaje fue más desastroso que accidentado y desembocó en un extraño shock para el director: en 1967, “Personer med paraply” formaba parte de la Sección Oficial del prestigioso Festival de Örebro. La noche del estreno el público asistente, de natural refinado y culto, finalizó la proyección con sonoras protestas en voz alta ya que no se entendió la ausencia de Max Von Sydow en un papel de carne y hueso. Sólo el crítico de “Cahiers du Cinema” Pierre-François Leclerq defendió el film asegurando que “nos encontramos ante el mejor musical sueco jamás rodado”.

Sin embargo, Sjöberg optó por retirarse a Skucku y limitar a partir de entonces su creación a pequeñas obritas de animación hechas con calcetines que, con todo, resultan aún hoy de una modernidad abrumadora. En una entrevista realizada poco antes de morir el torturado director recuerda que lo único que le dijo Bergman al finalizar la infausta proyección -en un arrebato de rudeza nórdica- fue un escueto “te lo dije”. Una respuesta propia de un paraguas, que caló muy hondo en las entrañas del pupilo perfecto. Finalmente, muerto el director maldito, el público europeo podrá juzgar sin prejuicios ni tutelas la obra original.

El trailer

Reproducimos a continuación la crítica que apareció en “Cahiers du Cinéma” tras la proyección de la película en el Festival de Örebro.

“EL OTRO” EN DO MAYOR

Personer med paraply, 1966 / Director: Gunnar Sjöberg
Por Pierre-François LeClerq

No es habitual que el cine sueco se mire a sí mismo, aunque realmente no haya a nadie más a quien mirar. Sin embargo, en esta ocasión sin precedentes en la cinematografía nórdica, el cineasta Gunnar Sjöberg se ha atrevido a dar una vuelta de tuerca a su maestro y mentor Ingmar Bergman: el mismo año en que éste ha presentado su último filme y nueva obra maestra “Persona”, el “otro” director sueco ha expandido (y mejorado) el concepto que Bergman ha querido explicar tan exhaustivamente. El problema de “Persona” es quizás que, para algunos, su profundidad es también su escudo, impidiéndonos la identificación con sus complicados personajes y su durísima historia.

No obstante, Sjöberg ha sabido dotar al que es desde ya el mejor musical sueco jamás rodado, “Personas con paraguas” (Personer med paraply, 1966), de una trascendencia que no está reñida con la comercialidad. Es por esto que el público que ha podido visionarla en el reciente Festival de Örebro la ha repudiado casi desde el primer momento. Pero “Personas con paraguas” es un cuento delicado y triste en clave musical sobre la confusión, el desaliento y la soledad; es una reflexión melódica sobre el mito de “el otro”, ése que se convierte en uno mismo, sin uno mismo quererlo (o quizás precisamente por eso). La película de Sjöberg es un canto (nunca mejor dicho) a la comprensión del prójimo, a la redención personal a través de la compasión por el otro.

Lisa Nogler, la protagonista de este relato mayúsculo sobre la desesperanza, encuentra en la enfermera Handtag (un paraguas inocente y con ardorosos deseos por beberse la vida) un apoyo; pero lo pierde al creer que todo está a su alcance para que ella lo manipule a su antojo. Handtag descubre entonces que el dolor forma parte de eso tan horrible que llamamos vida y comienza ahí una lucha desesperada por reencontrarse a sí misma, ahora que estaba ya tan perdida en los recovecos oscuros de su antagonista y a la vez amiga.

“Personas con paraguas” desemboca en un torrente de sensaciones cinematográficas que ni siquiera Bergman había llegado a imaginar. Sjöberg, dotando a su filme de una inusual musicalidad y armonía en el cine sueco, ha sabido plasmar con trazo mucho más fino todo aquello que se esconde detrás del terror a la soledad, el miedo a la incomprensión y el absurdo cotidiano.

 

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