Cuatro violentos, cuatro violencias

(foto: Albert Gea. Reuters)

Avui, molts liberals, quan s’encaren als esclats violents com el recent pillatge als suburbis de París, i pregunten als pocs partidaris de l’esquerra que encara desitgen una transformació social radical “¿No sou vosaltres qui heu fet això?, ¿És això el que voleu?”, els hauríem de respondre, com ho va fer Picasso: “No, sou vosaltres qui ho heu fet! Aquests són els veritables resultats de la vostra política!”
Slavoj Zizek. Violència

Por 15 pesetas, ordene de más a menos violentos los siguientes hechos:

a) Disparar una pelota de goma a un manifestante
b) Rociar con espray la gabardina de la diputada Tura
c) Gritar y obstaculizar el paso a la diputada Geli
d) Desahuciar a un parado estructural

A la vista de las reacciones a lo sucedido ayer a las puertas de la Ciutadella, diría que plantear el debate en estos términos, jugar con este acertijillo de tres al cuarto, es casi, casi, lo verdaderamente revolucionario.

Para algunos de nosotros es cada día más evidente que si existe una violencia subjetiva, que es incómoda, sucia y muy poco elegante, existe también otra, llámele objetiva, llámele sistémica, llámele económica, que si bien es menos pintoresca acaba teniendo peores consecuencias. Para la mayoría sin embargo, y ahí está el quid de la cuestión, esto de la violencia sistémica es una entelequia perroflautil, porque parece evidente que la violencia solo lo es cuando el agente de la misma se mancha las manos. Y un policía con la porra ensangrentada o un energúmeno lanzando botellines de agua es más de lo que puede soportar cualquier hijo de vecino mientras se come las lentejas ante el telediario. Ya pueden soltar más tarde que el Parlament prefiere cargarse el sistema sanitario catalán a plantarse ante los acreedores de la deuda pública, que el hijo de vecino desaprobará con contundencia, porque lo primero es lo primero, esas imágenes de escaramuzas callejeras tan poco elegantes cuando uno está mordiendo una morcilla. Luego ya si le da un ataque de colesterol y tiene que pagar asistencia privada, pues es un poco lo de menos.

Queda claro pues que un servidor considera acto violento, con todas las letras, que un banco pida el desalojo de un piso por hipoteca impagada. En consecuencia, si a mí me preguntan les diré que preferiría estar en la posición de Montserrat Tura y tener que tirar la gabardina a la basura, que estar en la del desahuciado y tener que tirarme yo mismo al container. Pero para la señora diputada, que digo yo que nunca en su vida ha visto peligrar su queli de Mollet, lo verdaderamente indignante, lo que le hace sacar bilis por la boca y mentar a los nazis alegremente, es tener que pasar por la tintorería o, madre del amor hermoso, volver a Cortefiel. Me gustaría saber qué piensa el desahuciado de la indignación de la cámara catalana del miércoles.

Puestos a tomar las líneas editoriales de los diarios catalanes como referencia, me enerva mucho más la actitud de El Periódico de Catalunya en todo este asunto que la de La Vanguardia. Si por esta última fuera, las manifestaciones se harían en grupos de a dos en la avenida de la Zona Franca, o sea que no es sorprendente su postura férrea contra cualquier conjugación del verbo indignarse. El Periódico, en cambio, quiso erigirse en un momento dado como abanderado de aquella cosa tan bonita que estaba pasando en plaza Catalunya y vio con buenos ojos la canalización tranquilita del cabreo. A la que el cabreo se convirtió en lo que son todos los cabreos, y la plaza Catalunya decidió que las diputadas y diputados iban a enfrentarse cara a cara con la indignación, el diario de Enric Hernández se acoquinó y descubrió que la cosa iba en serio, cual explorador de casa bien que descubre que los caníbales no son solo negritos simpáticos sino que además se comen a la gente.

Planteémonos si con cinco millones de parados, un 40% de desempleo juvenil y unos recortes presupuestarios que se aprueban porque viene el Coco, el tipo que grita y empuja a un diputado merece nuestro rechazo más absoluto o nuestro apoyo comprensivo. Planteémonos si el representante de la soberanía del pueblo es el pueblo mismo, si la única legitimidad democrática es la que hay detrás de un parlamento votado por apenas un 54% del censo. Planteémonos de paso qué oportunidades reales ofrece nuestra tesitura económica.

Sinceramente, si yo fuera Joan Boada, una vez pasado el mal rollo, hubiera pedido el micro de TV3 y hubiera relativizado lo de la pintura en el cogote, que con dos lavados a conciencia se va. No hay virtud más maja que la de ser maduros y conscientes de las consecuencias de nuestras acciones. Si nos enfrentamos a la policía, tenemos que asumir que la Brigada Móvil querrá jarana. Si somos miembros del Parlament durante una de las crisis económicas más salvajes de los últimos decenios, por mucho que la culpa última de la debacle no sea nuestra, tenemos que asumir que en algún momento la ciudadanía, o parte de ella, hará algo más que fruncir el ceño fuerte, darle a la cacerola a las nueve de la noche o escribir un post en un blog que no lee nadie.

Moraleja: no hay para tanto. Ustedes y yo lo sabemos.

Coda al movimiento: dejémonos de cálculos estratégicos sobre los apoyos que perderemos y convenzámonos entre todos de que aquello que la prensa considera violento no siempre es intolerable.

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7 Responses to Cuatro violentos, cuatro violencias

  1. Sr. Soriano says:

    Sr. Crespo: el responder a la violencia estructural (que efectivamente no es entelequia, sino que es real y brutal) con violencia física (o algo más que fruncir el ceño), siempre ha sido una opción; una por la que han optado cientos de miles de personas a lo largo de siglos. Y sin duda, en muchos casos ha sido la única opción posible. Sobre todo en aquellos momentos en que el poder (o los poderosos) no dejaba el más mínimo resquicio para otro tipo de procesos de transformación social. Pero ¿en la Europa, la España y la Cataluña del siglo XXI, estamos en esa situación? Me parece que no (seguramente en otras partes del mundo sí). Yo creo que el dilema no es entre qué es más violento: la agresión a un diputado con un bote de pintura, o la privatización de la sanidad pública. La respuesta es obvia. El dilema, me parece es, cómo las vanguardias revolucionarias que le gritan chorizos a todos los políticos por igual, aquel que no puede pagar la hipoteca porque se ha quedado sin trabajo por un ERE de Telefónica, y ese que lo está viendo todo por la tele, pueden entender que, en este momento y lugar, solo haciendo política (con, o sin los partidos) podrán mejorar su realidad. Un abrazo, chato. Juan Pablo

  2. Anónimo says:

    Vols dir?

  3. Anónimo says:

    Gracias señor Crespo, pensaba que se me iba la bola.

  4. Marcray Reisvig says:

    Sr. Crespo, de acuerdo, no hay para tanto.

    Sr Soriano:
    ¿en la Europa, la España y la Cataluña del siglo XXI, estamos en esa situación?

    En cual? la europa portuguesa, la griega y sus cuentas fantasmas, la del tio Silvio, la de los gemelos maravilla polacos (cierto que queda uno), la húngara?

    O en la España azul como el mar azul, de Espe + Rita + Cospedal, Francisco y el bigotes, Chavez, su hijo y los 200 prejubilados, Mendez y Toxo, Botín y su cuenta suiza, Castedo, Rosa Diez…?

    En la catalunya de Anglada, Albiol, Puig, Laporta (jaja, este tipo es representante del pueblo), Tura, Martinez-Sempere, Sanchez-Camacho, Mas-Colell (adonde hay que anotarse para tener apellido compuesto?…

    Estamos sí, de mierda hasta las orejas.

  5. elnombreeslodemenos says:

    Debemos reflexionar ante el teatro que montaron los parlamentarios y las parlamentarias, porque eso sí que es capacidad de organización. Desde que se anunció la convocatoria del 15J debieron estar preparando la función y les quedó de muerte. Y, no nos engañemos, lo que vende son las fotos que aparecen en las portadas de los periódicos y la distorsión del lenguaje que no tienen ningún reparo en emplear. La portada de La Vanguardia de ayer, creo que la voy a enmarcar y que debería utilizarse en las aulas como ejemplo de ello.

  6. Pingback: Message in a bottle…. » Violents…

  7. Anónimo says:

    Según lo veo yo, la cuestión no es qué es más violento. La cuestión es que era innecesaria. El 15M tiene las simpatía y apoyo de mucha gente porque se desarrolla de una manera diferente: con la palabra, sin violencia, sin algaradas. Si pierde estas características perderá gran parte de los apoyos y se enfrentará a todos los medios de comunicación que, como ya se ha visto, están esperando ávidos cualquier cosa que les permita atacar el 15M sin piedad. La mayoría de los medios de comunicación están tratando de desprestigiar estas movilizaciones desde el primer día, pero, de momento, sólo han conseguido desprestigiarse a sí mismos, pero si tienen una buena coartada la utilizarán hasta la extenuación y, no te engañes, su influencia sobre la gente se acabará notando.

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