En la OTAN, de entrada y hasta el fondo

(versión de un artículo publicado en Diagonal el 27 de octubre de 2011)
(foto de Emilio del Prado)

base militar de rotaEl Gobierno en funciones cede Rota a la Armada de Estados Unidos

A mes y medio de acabar mandato y un día después de disolver las Cortes, José Luis Rodríguez  Zapatero, el presidente del Gobierno que mayores desencuentros diplomáticos ha tenido con la Casa Blanca, aparecía ante las cámaras junto al secretario general de la OTAN y el secretario de Defensa estadounidense para anunciar el despliegue en territorio español del escudo antimisiles heredero del que ideó Bush. O lo que es lo mismo, anunciaba la colaboración directa con el programa militar con el que Estados Unidos enfoca el siglo XXI.

Este despliegue  se concreta, como afirmó en la rueda de prensa el ya presidente en funciones, en “un total de 4 buques estadounidenses dotados con el sistema Aegis que tendrán su base en Rota”. Dicho puerto gaditano pasa así a ser enclave esencial de la estrategia militar atlántica para las próximas décadas. Cuatro barcos americanos perfectamente operativos atracarán en aguas españolas y pondrán directamente a Rota en el mapa de futuros conflictos.

El Aegis del que habla Zapatero no es más que el avanzadísimo sistema de radares, computadoras y misiles con el que Estados Unidos lleva el escudo al mar y confiere a sus buques de guerra una poderosa capacidad de respuesta. Las fuerzas navales, por lo tanto, pasan a ser muy relevantes para el programa militar de la Administración Obama, ya que, con el Aegis, dotan al escudo antimisiles de flexibilidad y de una gran capacidad de ataque preventivo.

Adios al parlamentarismo de ZP
Zapatero, acompañado de la ministra Chacón, sorprendía a propios y extraños con una decisión de la que nadie en España sabía nada, a excepción del jefe de la oposición. Comunicando a Rajoy y solo a Rajoy el acuerdo al que había llegado el Gobierno con Estados Unidos y la OTAN, parecía el presidente querer cumplir la papeleta democrática. Las reacciones de otros partidos y medios de comunicación no tardó en llegar y oscilaba entre la sorpresa de, por ejemplo, el editorial de El País y el pitorreo de los medios de la derecha más virulenta. Cierra Zapatero su segundo y último mandato en las antípodas del parlamentarismo convencido con el que inició la presidencia en 2004. El pasado 5 de octubre se parecía un poco más al Aznar de la mayoría absoluta. Desde medios y fuentes alternativas se ha hablado de la urgencia de Obama por incluir los cuatro buques en los presupuestos de este año. En cualquier caso, como apunta Gústavo Búster, de Sin Permiso, se constata que Estados Unidos tiene un gran conocimiento de los ciclos políticos españoles y de las horas bajas del presidente del Gobierno.

Un golpe más al referéndum
Desde Izquierda Unida, Llamazares considera que esta decisión póstuma de Zapatero es otro “incumplimiento flagrante” del referéndum sobre la permanencia en la OTAN. Dicha consulta se celebró en 1986 y el resultado fue un sí con tres condiciones: la participación de España en la Alianza no incluiría su incorporación en la estructura militar; las armas nucleares seguían prohibidas en territorio español, y se procedería a la reducción progresiva de la presencia militar de Estados Unidos en España. Solo la segunda de las tres se ha cumplido, aunque a falta de inspecciones nadie pueda garantizar que en las bases norteamericanas no se oculte armamento nuclear. Respecto a la primera condición, en 1996 el Congreso aprobó una resolución para negociar con la OTAN la plena integración militar y en 1999, solo trece años después del referéndum, España se adhirió a la estructura de mandos. Respecto a la tercera condición, el anuncio de Zapatero deja claro que el referéndum ha quedado ya en agua de borrajas. Esta vez a lo grande.

Cabe recordar además que el Gobierno de entonces, también socialista, ganó el referéndum por la mínima, frente a un fuerte movimiento de oposición al Atlantismo. Esta oposición, que aglutinaba a la mayor parte de la izquierda social, no contemplaba condiciones de ningún tipo en su no a la OTAN.

El anzuelo económico
Y sin embargo ciertos sectores sociales, fundamentalmente en Cadiz, han mordido el anzuelo que ofreció el presidente del Gobierno en la rueda de prensa, envuelto de una extraña aureola reaganiana de keynesianismo militar. Un millar de puestos de trabajo en Rota, directa o indirectamente relacionados con el relanzamiento de la base, van a suponer, según Zapatero, un impacto enormemente positivo para una población de veintinueve mil habitantes. Muchas roteñas y roteños, con la alcaldesa a la cabeza, reciben con los brazos abiertos al “amigo americano”, aún en su memoria por las generosas propinas de los marineros y la boyante economía de servicios derivada de su presencia en otros tiempos. Sin embargo, algunas voces críticas, como el Centro de Estudios para la Paz J. M. Delàs, se preguntan cuánto van a costarle a nuestros bolsillos las inversiones necesarias para remodelar las instalaciones de la base o el incremento de la seguridad militar de la bahía. Todo ello sin contar con que el desarrollo del escudo antimisiles no hace más que aumentar el gasto militar de España y de los Estados miembros de la OTAN, del que las principales beneficiarias son las empresas de armamento. El mismo secretario general de UGT en Andalucía ha declarado que existen otras prioridades antes que el sistema antimisiles. En este sentido, considera que los mil puestos de trabajo no son más que una anécdota con la que el Gobierno pretende “vestir el proyecto”, ya que toca un asunto “controvertido”.

Mayor inestabilidad, mayor peligro
De cualquier modo el argumento de los puestos de trabajo parece empequeñecer cuando nos planteamos los riesgos que supone convertir Rota en una sede operativa de la US Navy. Según el Centro Delàs el acuerdo hace de España, del Mediterráneo y de Europa un lugar menos seguro, al convertir Rota “en objetivos de ataque por parte de potencias enemigas por albergar en su seno el escudo antimisiles”.  En la rueda de prensa, Zapatero hizo énfasis precisamente en lo contrario, repitiendo una vez más el viejo mantra del militarismo que auspicia cualquier carrera armamentística: dotémonos de una mayor capacidad defensiva para gozar de una mayor seguridad. Mientras tanto Rusia sigue advirtiendo por activa y por pasiva de que para ella el escudo es una amenaza.

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