European Poker Tour: fuera de las mesas (1)

Barcelona recibe esta segunda quincena de agosto al que hasta la fecha es el mayor acontecimiento de póquer celebrado en el país. El Estrellas Poker Tour, circuito de alcance fundamentalmente español, se suma al European Poker Tour, de relevancia internacional, y juntos, uno del 13 al 19 y el otro del 15 al próximo sábado, han montado en el Casino de Barcelona un campeonato doble de padre y muy señor mío. Servidor ha llegado hoy mismo con ganas de fisgar por entre las mesas, y mi primera impresión es que he llegado tarde, que entro con la fiesta a medio acabar. Parece que el día fuerte fue el domingo, último del ESPT, mesa final del torneo paralelo Super High Roller (una cosa muy cara para jugadores muchimillonarios) y aún pululando por  estos lares la mayoría de las grandes estrellas internacionales del juego. Que yo sepa, por ejemplo, Daniel Negreanu volvió a casa ayer y Erik Seidel quedó sexto en el High Roller y con eso tuvo bastante. Aún así queda la traca final. El Evento Principal del EPT, hoy ya en su cuarto día, acaba el sábado y hasta entonces el despiporre barcelonés no parará. Hoy quedaban vivos sesenta jugadores a los que se sumaban los profesionales y amateurs de los seis torneos paralelos del día.

Al llegar al Casino, a la enorme sala que el Hotel Arts cede para el campeonato, uno se ve más capacitado para explicar lo que es el póquer de competición; el póquer deportivo, que dirían los italianos pasándose un pelín de la raya. Centenares de personas, entre organización y periodistas, entre crupieres, directores de torneo, medios especializados de distintos países y las cámaras de la organización atentas a cada mano importante, con su trajín de idas y venidas entre mesa y mesa, esquivándose como pueden, recuerdan en conjunto al sarao de las metas en las vueltas ciclistas. Mil personas con mil funciones distintas pero todas a una como Fuenteovejuna, en un caos ordenado, para que los jugadores jueguen y el público se entere. Y ambas cosas casi con la misma prioridad. En realidad, lo que más abulta en la sala son las cámaras y los micros de percha de Pokerstars, literalmente encima de los jugadores. Sorprenden al visitante novato que se esperaba un silencioso monasterio consagrado a los tapetes y de pronto se encuentra con algo parecido a un plató de televisión. Dejan claro que lo importante aquí es el show-business, la épica de la victoria, los jugadores como stars televisivas y no como ludópatas o macarras portuarios.

Barça-Madrid hasta en la sopa
Con devoción, un servidor, de natural mitómano, se ha dirigido a la mesa de John Juanda y Leo Margets a ver de cerca cómo se juega un EPT en los niveles avanzados. A parte de un all-in de la barcelonesa, del que ha salido airosa y con algunas fichas más, en general la mesa estaba tranquilita. Juanda jugaba poco, se respetaban las subidas de todo el mundo y el ambiente era al fin y al cabo distendido. En un momento dado, de tan tranquilos que debían estar, se han puesto a hablar de fútbol. Margets hablaba de Messi como el mejor jugador del mundo y un brasileño mosqueado le ha sacado a Cristiano como contraejemplo de futbolista estelar. Tras esos piques de estar por casa, tras esas pequeñas afrentas, uno esperaba que hubiera un análisis concienzudo del juego de los rivales; incluso pequeñas estrategias para poner nervioso al contrincante. Supongo que los aficionados tendemos a pensar que en un determinado nivel todo lo que pasa en la mesa de póquer tiene que ver con la partida, pero hasta en las mesas finales de un EPT son necesarios momentos de distensión.

Masaje en la espinilla
En la mesa contigua pero en un torneo paralelo (de una modalidad curiosa llamada Win the Button, en la que el ganador de cada mano además del pote se lleva el botón y por lo tanto la posición de mesa), el finlandés Ilari Sahamies se nos aparecía en una peculiar estampa, que en realidad es habitual en este tipo de competiciones. El tipo jugaba con la silla vuelta del revés, los hombros apoyados en el respaldo y, de cintura para abajo, una pernera arremangada. Aferrada al gemelo, una masajista con silueta y ropitas de muñeca Bratz digo yo que procuraba evitarle a Sahamies ese calambre tan típico que te da en la pierna cuando recibes tres malas manos seguidas. Un día habría que indagar sobre los orígenes de la figura de la masajista en los grandes torneos de póquer, siempre mujer, siempre sacada de un calendario Pirelli. También habría que indagar un poquito más sobre Sahamies, un tipo que después de ocho horas sentado en la mesa del EPT es capaz de ponerse a jugar on-line al máximo nivel contra un energúmeno de la categoría de Viktor Blom.

Una tipa de la organización ha venido después decidida hacia mí y me ha pedido que le enseñara la acreditación. O se la estaba pidiendo a todo el mundo o no me ha visto cara de estar en el ajo. Mi T1, categoría Media, me permite pulular por doquier, o sea que me ha dado las gracias y se ha vuelto a ir. Aún así, he preferido salir de la zona de las mesas. Fuera, el venerable Barry Greenstein husmeaba, con la mirada triste que le distingue, la pantalla con los tweets de Pokerstars. Ha salido aquí mi vena adolescente y le he pedido una foto que ha aceptado sin rechistar, sin cambiar su expresión taciturna. Un jugador que pasaba por allí y nos ha hecho de fotógrafo al vuelo ha sido bastante más expresivo: probablemente iba con prisas y probablemente ha pensado que servidor es un cretino.

Problemas logísticos de un ruso
A la salida de la sala del torneo, me tomo un café a precio de Hotel Arts y subo al exterior, con una diferencia de temperatura de entre quince y ciento cincuenta grados. Allí  me fumo un cigarrillo con un jugador ruso que, como tantos otros en este EPT, no ha podido acceder al multitudinario Evento Principal. Por una razón, además, bastante “frustrante”, según sus propias palabras. Parece ser que para llegar al EPT fue jugando steps, es decir torneos on-line que, a modo de escalera, tienen como premio el acceso a otro torneo de un nivel superior. El premio en el torneo de nivel nueve de esta escalera de steps era la entrada al Evento Principal. Según contaba, el ruso alcanzó en Rusia el octavo nivel y llegó a España con su portátil dispuesto a jugar el noveno, que en caso de victoria lo metía definitivamente en el torneo presencial. Cuál fue su sorpresa al ver que, debido a la nueva regulación del juego de nuestro país, en España solo los españoles pueden jugar en plataformas de póquer on-line. De modo que él, como muchos otros jugadores internacionales que llegaron a Barcelona con ánimo de clasificarse mediante torneo electrónico (pero que naturalmente no estaban muy informados sobre la reciente situación legal), se tuvieron que comer los mocos y sus clasificatorios con patatas. Le parecía todo bastante extraño y me contaba que los finlandeses, en cambio, no habían tenido ningún tipo de problema. Ignoro si había pretéritas rencillas nacionales de por medio, pero en cualquier caso lo de este pobre hombre ha sido una putada. Mi mensaje para él ha sido claro: al menos podrá usted hacer lo que hacen tantos compatriotas suyos que vienen a Barcelona sin el póquer como excusa. Tomar el sol y beber cerveza a precios intolerables.

Veremos si mañana volvemos.

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One Response to European Poker Tour: fuera de las mesas (1)

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