Si no fuera por la suerte…

En la aburrida discusión sobre el estatus del póquer (que si deporte mental, que si juego de azar, que si chanchullo de criminales) ha entrado recientemente un nuevo argumento en danza. La Federación Internacional del Póquer (IFP), creada en Lausana en abril de 2009, acaba de publicar unas reglas del juego muy completas y muy bien editaditas, más pintureras que un libro de Blackie Books, con ánimo de que sean las definitivas, la referencia mundial a la hora de dirimir conflictos en las mesas. Habrá quien mire con displicencia sus esfuerzos, pero si buscamos un referente oficial, por intención, por seriedad y por miembros, no encontraremos otro mejor que la IFP.

Su objetivo es claro y meridiano: dignificar el póquer por todos los medios y defenderlo sin ambages como deporte mental, consiguiendo, solo un año después de su fundación, que el póquer fuera admitido como observador en la Asociación Internacional de Deportes Mentales… que al fin y al cabo fue creada en 2005, pero que bueno, algo es algo…. Como muestra de las buenas intenciones de la IFP,  su presidente, Anthony Holden, propuso hace unos meses que los institutos británicos aceptaran el póquer como actividad extraescolar, en tanto que promueve la concentración, la memoria, el razonamiento y los patrones de comportamiento positivo.

El mismo reglamento nos propone una forma de juego muy interesante llamada match poker que debe interpretarse como el intento definitivo de homologar el póquer a otros juegos con mayor reconocimiento público como el ajedrez o el go. La idea es sencilla: para que pueda ser reconocido como un juego de habilidad por todo el mundo, con su respetabilidad y su enjundia, el factor suerte ha de ser eliminado del juego. Para ello, la IFP tomó prestados algunos elementos del llamado duplicate bridge y los adaptó a las reglas del Texas Hold’em, la modalidad de póquer más popular a día de hoy. Suponemos que en honor a este préstamo, hasta la aparición del reglamento de marras al match poker se lo conocía como duplicate poker. De hecho con este nombre se celebró el año pasado en Londres el primer campeonato del mundo por equipos, la IFP Duplicate Poker Nations Cup… que ganó Alemania.

 

¿Y cómo demonios se elimina el factor suerte de un juego de cartas? Pues parece que no hay más remedio que manipular la baraja para controlar las manos que recibe cada jugador. La gracia está en que se baraja por ordenador y se prepara el mazo para conseguir que se reparta la misma combinación de cartas en todas mesas del torneo. De este modo los jugadores sentados en una misma posición se encontrarán en idéntica situación de juego. Se genera así un escenario ideal para determinar quién optimiza mejor cada mano, quién gana más con la mano ganadora y quién pierde menos con la perdedora, en un mismo escenario. En definitiva, se determina quién juega mejor al póquer. Como se puede deducir de lo dicho, y aquí viene un matiz bastante definitorio, el jugador no compite contra el resto de la mesa sino contra los jugadores sentados en la misma posición que él en otras mesas.

Tras cada mano, se suman puntos en función de las fichas ganadas y perdidas en cada posición. Si hay seis mesas, por ejemplo, el que haya logrado más fichas en una posición determinada ganará seis puntos; el segundo con más fichas en el mismo asiento, ganará cinco, y así sucesivamente. Al empezar una nueva mano, todos los jugadores recuperan el número inicial de fichas. Al final del torneo, que se acaba tras un número predeterminado de manos preparadas aleatoriamente por ordenador, se cuentan los puntos y, así de simple, ya tenemos ganador.

Si le damos un par de vueltas al asunto veremos que, si se quiere eliminar el factor suerte, al match poker tiene que jugarse forzosamente por equipos. Del total de manos repartidas en uno de estos campeonatos, una posición de mesa puede haber recibido, en global, mejores cartas que otra posición por lo que, si se jugara individualmente, podría argumentarse que no todos parten de las mismas condiciones. Para ello se crea el juego en equipo, para que todos los equipos tengan un jugador en una posición distinta y, en conjunto, todos los equipos se encuentren equitativamente con todas las situaciones posibles.

Un día Phil Hellmuth afirmó que si en el póquer no influyera la suerte, sin duda ganaría cada mano. En el prefacio del reglamento y a propósito de esta nueva modalidad de torneo, Holden reta al celebérrimo “mocoso del póquer” a que demuestre lo que es capaz de hacer sin la suerte de por medio. Ahora ya no solo es posible sino que las reglas para demostrarlo están por escrito.

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