Cómo coger a un Grillo

(publicado originalmente en el blog de Dame la voz)

En el blog de Dame la voz, Carlos Fenollosa se quejaba de la poca información y los pobres análisis que se han hecho en nuestro país de la campaña italiana. Le doy toda la razón y fue esa precisamente la sensación con la que me quedé el martes al ver lo que se decía del Movimiento 5 Estrellas y de la figura de Beppe Grillo. Aunque entiendo que el periodismo es simplificador por necesidad y que lo que aparentemente es poca profesionalidad del periodista muchas veces  responde a una estructural falta de recursos del medio para el que trabaja, la insistencia en acusar a Grillo de antipolítico, de populista y de irresponsable me mosquean sobremanera. Y no porque sea yo un grillini enfervorecido, o porque crea que el M5E es el 15M italiano, sino precisamente porque es un fenómeno complejo al que por el contrario la información mediática se ha acercado únicamente con atajos mentales y estereotipos, como sugería Carlos en su columna.  Si hay algo que quizá me mosquea más, sin embargo, es que actores políticos como Grillo –no es el único- digan que no son de izquierdas ni de derechas. Y me mosquea porque el discurso de la superación de la lucha de clases lleva siendo cuarenta años muy bien utilizado por el liberalismo económico triunfante y porque en realidad suele esconder un conservadurismo que recuerda a cuando Franco le recomendaba a aquel ministro suyo que hiciera como él y no se metiera en política. Por otro lado también es cierto que en ocasiones el marxismo rechaza definirse de izquierdas y que desde posturas críticas la dualidad izquierda-derecha se entiende como un artefacto político de las democracias burguesas. Como dice –o decía- el tópico anticapitalista, a la pregunta ¿de izquierdas o de derechas? la respuesta es ¡revolución! Así pues, me asaltaban las dudas. ¿Qué hay detrás de Beppe Grillo?, ¿un revolucionario o un trepa?, ¿cómo podemos leerlo desde estos lares, prescindiendo de los tópicos baratos de agencia de noticias?

grillo

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El porqué de los distintos votos de la CUP en torno a la soberanía

(artículo publicado en Diagonal el 5 de febrero de 2013.
Foto de Albert Garcia
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No hubo periodista en las entrevistas posteriores a las elecciones catalanas del 20N que no le preguntara al nuevo diputado David Fernández por su definición metafórica de la Candidatura de Unidad Popular como “caballo de Troya” de las clases populares. Les resultaba difícil enmarcar el papel y la estrategia de esta formación en el Parlament, que si está ahí es más para denunciar y hacer visibles las alternativas que para ser una fuerza parlamentaria al uso. Nos cuenta Fernández que para la CUP la política institucional es “una herramienta más”, un instrumento que hace de caja de resonancia de todos los conflictos por los que los movimientos sociales y la izquierda independentista y anticapitalista llevan años clamando en las calles. Una posibilidad más de juego dentro de un proyecto que sigue siendo municipalista, “a ras de suelo” y de transformación radical desde lo local.

De esta estrategia se deriva su votación, no exenta de polémica, ante la declaración de soberanía y el derecho a decidir del pueblo de Catalunya del 23 de enero. La postura de la CUP ante la declaración impulsada por CiU y ERC fue un sí crítico que se materializó con la abstención de dos de sus diputados y el voto a favor de otro. Como todas las formaciones en el Parlament que están a favor de la autodeterminación había presentado su propia declaración y se había sentado a negociar el texto hasta el último momento. Pidió también una mesa a cinco en la que se incluyera a todos los grupos que de una forma u otra aceptaban el derecho a decidir (CiU, ERC, ICV, PSC). Paralelamente, y con el calendario en contra, las asambleas a lo largo y ancho del territorio fueron expresando su postura. El 15 de enero se reunieron las locales, el 17 las territoriales. Finalmente el sábado 19 de enero se reunió el consejo político durante seis largas horas que sirvieron para plasmar un intenso debate interno que se acabó resolviendo con ese sí crítico y las dos abstenciones.

El porqué de las abstenciones

Si bien había un consenso en torno al mensaje que tenía que enviar la CUP no estaba claro cómo debía plasmarse eso en la lógica parlamentaria. Un sector de la organización creía que la división en el voto no se entendería, que le parecería confusa a la ciudadanía ajena al debate. Finalmente se decidió que dos diputados se abstuvieran pero que a la vez contaran con cierto margen de flexibilidad, de modo que si en los pocos días de negociación parlamentaria que faltaban se conseguía eliminar las referencias a la UE, se lograba que el referente territorial fueran los Países Catalanes, y se reconocía la posibilidad de la desobediencia civil y la necesidad de la participación ciudadana, los tres votos en la cámara serían afirmativos. Únicamente se logró el último punto por lo que se asumió ese sí crítico con dos abstenciones.

Estructura básica de las CUP

En todo el territorio catalán existen un centenar de asambleas locales de la CUP en otros tantos núcleos de población que son la esencia municipalista del proyecto. De estas agrupaciones locales surgen 11 asambleas territoriales, de las que surge un consejo político formado por tres personas de cada asamblea territorial y cuatro miembros del secretariado nacional sin derecho a voto. Este secretariado tiene únicamente funciones de coordinación. A las tres personas de cada territorial se las elige según un criterio básico de pluralidad de modo que los 33 miembros funcionan como “sensores del territorio” y reflejan bien los debates en los ámbitos locales. Paralelamente existen grupos de trabajo sectoriales y abiertos, sobre sanidad, cultura, autodeterminación, antirrepresión, etc.

Abajo del todo en esta pirámide invertida estarían las tres personas que ahora actúan en el Parlament según la máxima zapatista de “mandar obedeciendo” lo que sale de las asambleas. Para ello hay una comisión de seguimiento con miembros de las once territoriales, de las sectoriales y de las organizaciones que dieron su apoyo en la campaña, como Endavant o el Moviment en Defensa de la Terra u otros no independentistas como En Lluita. Se mantienen además reuniones bilaterales con diferentes movimientos sociales –como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca o el Comité de empresa de la Corporación Catalana de Medios, por ejemplo– para cumplir con su compromiso de introducir en el Parlament la voz del pueblo catalán. Evidentemente, en la parte superior de esta pirámide invertida está la asamblea nacional, también abierta, que se reúne con una convocatoria de al menos un mes de antelación

Quatre dècades i dos-cents gèneres. Minusa Club

Minusa_BCN_370(publicat al suplement Què Fem? de La Vanguardia. 1 de febrer)

Com qui no vol la cosa i tocats ja per una dotzena de copes de cava, vam arribar la nit de cap d’any a un local al carrer València on s’aplegava, entre d’altres, un grup nombrós de rockers, entre tupés, camises de jugar a bitlles i espectaculars vestits de pin-up. A l’entrada una parella giravoltava a ritme d’alguna cosa similar a Dick Dale. Al fons, al llarg d’una nit que es va fer curta, van punxar tres dj que ja havien passat anteriorment per la sala: Chino Crazylegs, Augie Burr i Oscar Guindilla, del duo Boopin’ the Blues, que també punxa de tant en tant a Sidecar. Del Minusa,  ampli, còmode i decorat amb elegància barroca, ja ens n’havien parlat anteriorment. Pels concerts dels Orbison Brothers, projecte paral·lel de dos membres de Tarantula, o per festes com les de cap d’any. Festes on mana el rock clàssic, la música dels cinquanta i el tatuatge. Les celebren un cop al més amb el nom de Sinners’ inn. Ara preparen també una festa redneck, amb banda hillbilly de violí, guitarra, banjo i barrets del sud.

Però la Carmen no es vol encasellar. No vol fer del Minusa un bar exclusivament de rockers. La Carmen és la regent del local i el va muntar fa sis anys amb tota la música que duia a la motxilla, una muntanya de gèneres, èpoques i bandes, on predominava l’electrònica. Amb el pas de les setmanes es va adonar que tal i com havia decorat el lloc, amb els horaris que abastava i l’espai del que disposava, potser calia evolucionar cap a altres sons més propis d’un bar musical. I com que la Carmen és una persona de gust eclèctic no li va costar gens ni mica.

Avui les nits del Minusa, a banda d’alguna sessió més convencionals de pop indie, cobreixen quatre dècades de música des dels cinquanta, amb l’exotica o el swing, fins els vuitanta, amb festes post-punk o -llarga vida a Ryan Paris- sessions d’Italo disco. La Carmen confessa amb un cert to de culpa, com qui passa drogues o sacrifica gallines. “M’agrada molt l’Italo disco”. I evidentment no és ni molt menys la única a Barcelona, però això fet i fet és secundari. Les nits que pot esdevé dj Mina i llavors explota la seva discoteca. Ens parla també de misterioses festes steampunk on els aficionats al cosplay i a la disfressa demostren el seu virtuosisme teixint i construint ginys retrofuturistes. Leer más de esta entrada

Cuando el agresor acusa de agresión

(artículo publicado en Diagonal el 22 de enero de 2013)


Cuatro mossos denunciados por brutalidad acusan de agresiones a la persona que los denunció
Tras aquél simbólico “que se jodan” que se escuchó en el Congreso el pasado 13 de julio, la gente salió por enésima vez a la calle ahogada por la crisis y harta de políticas, cuando menos, inanes. En Barcelona, Sergi García, técnico audiovisual en paro, lanzó dos huevos contra la sede del PP y visiblemente emocionado, según varios testigos, insultó a los policías que guardaban el lugar y les exhortó a que cambiaran de bando. Tres horas más tarde, a varias calles de allí, García se disponía a coger el metro para volver a casa cuando, según su relato, un grupo de mossos le asaltó y le propinó una paliza. Le llevaron a comisaría entre insultos y allí le retuvieron casi dos días, sin poder hablar con nadie, sin poder contarle a su familia dónde estaba ni lo que había sucedido. Nada más salir denunció a los agentes que le habían maltratado y humillado.

Medio año después Sergi está acusado de romper el espejo retrovisor de una furgoneta policial, de lanzar un bote de pintura contra la sede del PP, de resistencia a la autoridad, de amenazar de muerte a los mossos y, por supuesto, de mentir. Quizá siguiendo la máxima de que la mejor defensa es un buen ataque, la policía presentó una denuncia contra Sergi que el juzgado de instrucción hizo prosperar. El mismo juez sobreseyó su denuncia por agresiones.

El factor testigos
Hoy Sergi ha interpuesto dos recursos a la Audiencia Provincial contra el sobreseimiento de su propia denuncia y contra la sentencia que le imputaba toda aquella sarta de delitos. En su favor un cúmulo de testigos que niegan que fuera él el que lanzara la pintura ni el que rompiera el retrovisor del vehículo. De hecho, el recurso afirma que uno de estos testigos “pudo ver que el espejo del furgón policial fue roto por el golpe de un agente”. En su favor también el hecho de que fuera detenido cuando ya habían pasado tres horas de los hechos y a varios centenares de metros de la manifestación, y no en el mismo momento de las supuestas agresiones.

Respecto a la falta de pruebas para incriminar a los agentes, el recurso cita un informe médico que enumera las heridas y contusiones de Sergi y que según las declaraciones de los mossos se produjeron al introducirlo en el furgón policial. Ello aparte de las consecuencias psicológicas de la experiencia, por las que aún hoy recibe tratamiento. Según el recurso, en realidad “todos los hechos acreditadamente falsos que se pretenden imputar en el atestado policial no pueden sino tener un sentido: encubrir una actuación policial desviada”.

La policía y el efecto Streisand

El caso de Sergi García consiguió una notable efervescencia en la red gracias a un vídeo que grabó con la ayuda de la plataforma Rereguarda en Moviment poco después de los hechos y en el que, al borde del llanto, explicaba con pelos y señales su experiencia desde que lanzó los huevos hasta que salió de comisaría. En el vídeo aparece el rostro descubierto del caporal al que Sergi acusaba de agresiones, en unas imágenes tomadas el mismo día 13. Aunque ya había corrido por distintas webs y redes sociales, los mossos denunciaron a estos sitios para que desapareciera, y así ocurrió durante unos días… Hasta que se dieron en las narices con el efecto Streisand. Tal y como le sucedió a la actriz neoyorquina cuando denunció a un fotógrafo que colgó una imagen de su mansión, el intento de ocultación del vídeo fue contraproducente puesto que lo único que consiguieron fue una mayor publicidad del caso y una mayor difusión del documento. Hoy el vídeo aún puede verse.

El tercer Graci. Bodega Gracian

(publicat al suplement Què Fem? de La Vanguardia. 25 de gener)
(foto de Pol Viladoms)

ImagenEntra un home estrany amb una bossa del súper i pregunta si li cuinarien els musclos i les navalles que acaba de comprar per sopar. El celler li deu haver fet bona impressió, impressió de lloc familiar. Tot i prendre’s excessives confiances amb els amos, no va del tot desencaminat. Seu en una de les taules de la terrassa com un senyor i un cop s’ha fotut mitja ampolla de vi i el marisc del Mercadona acabat de cuinar vol marxar pagant 4 misèrrims euros pel servei. Aquí ja s’ha passat un pèl, massa confiances, massa familiaritat preconcebuda.

Malgrat aquest conflicte d’estar per casa, que això passi no deixa de ser un bon senyal per a la Bodega Gracian, que s’ha de sentir afalagada per aquesta mostra d’amor gorrer a la seva cuina, quan fa quatre dies que han obert. A aquesta hora, al vespre, una quinzena de clients -dels normals, dels que paguen- omplen el local com si de tota la vida vinguessin els dijous a menjar tapes i fer la cervesa. Gent del barri, esclar, perquè ja em diran vostès qui nassos va a una bodega de barri quan un no és del barri i el barri és tan barri com aquest en concret. Al cor de la Nova Esquerra de l’Eixample la vida encara no passa als bars de moda, raó per la qual un celler com el del Santi i el Graci, oncle i nebot, ha estat rebut amb una certa expectació. Va ser obrir, i posar-se a treballar.

Rocafort 106 era no fa pas massa un antre de foscor i profunditats abissals, obert entre cubates de whisky barat fins altes hores del matí i amb un televisor que escopia sessions llarguíssimes de porno homosexual. Per la descripció que ens fan del lloc, la reforma ha estat faraònica. I el canvi de concepte… prou evident. Temps enrere, però, ja havia sigut un celler. De manera que de celler a after subterrani, i d’after subterrani a celler amb vermuts, conserves i tapes, tot reconeixent la importància de l’herència i del passat en el mateix nom de la bodega: Gracian va ser l’avi, Gracià és el pare i Graci el fill. Tres generacions de barcelonins que no han trobat mai a faltar el vermut del cap de setmana. Els indesitjables periodistes, a la recerca de tendències, direm que s’està recuperant aquest tipus de local. Collonades. No hi ha res a recuperar perquè bars com aquest mai no s’han extingit i perquè a Barcelona fa molts anys que es mengen escopinyes diumenges al migdia sense solució de continuïtat. Darrera la barra pot haver-hi un iaio amb el nas vermell, pot ser un local humit i amb olor de vi de taula que es limita a servir olives i cloïsses, o pot ser com en aquest cas, un local flamant, amb finestrals i bon nas pel menjar.

El Gracià, guitarrista i membre de la banda Bremen, es treu el davantal de músic per entrar a la cuina i procedeix a interpretar bunyols de bacallà i una truita de patates que fa enveja els que ens paguem de fer-la amb gràcia, inclosa sa mare. Ella contraataca amb croquetes de bolets d’alt standing, gairebé líquides per dins. Ens diuen que els ingredients vénen tots de la Boqueria. Si més no, les botifarres, les hamburgueses o els bolets. Els embotits baixen de Vilobí d’Onyar i els formatges de Maó o de Pélardon, al Llenguadoc-Rosselló. Que a la Gracian hi hagi cuina els permet oferir dinars, cassoletes i plats calents que els distingeixen d’altres cellers més petits i de batalla. Alguns exemples dels plats del dia són el pollastre al pesto amb torrada d’escalivada i formatge brie gratinat o les botifarres esparracades, però es comenta que fins i tot accepten encàrrecs, reserves de fins a vint persones. Tornem però al terreny natural del celler barceloní com són les conserves. D’aquí surt una altra especialitat de la Bodega: el Pintxo Gracian, amb bitxo, oliva i llagostí, que és una derivació del Gilda, clàssic pintxo donostiarra amb anxova.

I entre la clientela, com dèiem, gent relativament jove dels voltants, veïns amb ganes de fer una canya de Mahou i picar alguna cosa, amb l’intenció de marxar cap a casa com a molt a mitjanit encara que a vegades la cosa s’allargui. Molts alumnes, també, de l’escola de turisme del portal del costat; algun d’aquests serà dels típics que veuen un valor a l’alça en muntar un celler i que inventen màgiques rutes del vermut sense venir al cas, tot aprofitant la marca Barcelona. La Bodega Gracian, de moment, és només un local molt oportú a Rocafort entre Consell de Cent i Diputació, on tota una família s’ha abocat a convertir-lo, a força de croquetes, anxoves i bon beure, en un lloc on vingui molt de gust estar-s’hi unes horetes.

De dm a dv de 8 a 16 i de 18 a 1; dss i dg, de 11 a 16 i de 18 a 1. Canya 1€; Vermut 3€; Pintxo Gracian 0,90€
Rocafort 106. Tlf.  936 03 11 00. http://www.facebook.com/bodegagracian

Amancio Ortega d’estar per casa

(text publicat a la secció Poca broma del setmanari Directa. 16 de gener)

ImagenAmancio Ortega fa uns amigurumis collonuts. Ara et fa una hello-kitty, ara una funda per USB amb la cara de Piolín. Amancio Ortega s’ha ficat de cap en la moda del ganxet i ara mou les agulles amb destresa i participa a fòrums on discuteix els millors patrons per fer barrets dels Angry Birds o fundes de bicicleta.

Fa uns mesos Amancio Ortega va tenir uns setmanes tontes per una noia d’Inditex. Feia molt que havia perdut mà per seduir ningú, perquè sempre acabava sent massa directe, massa brusc. Amancio Ortega si vol compra dos edificis a la plaça Catalunya, si vol omple de zaras els Camps Elisis de París, però fa molt que no parla amb ningú que li agradi sense cagar-la quan obre la boca. Amancio Ortega es va assabentar que la noia feia ganxet i, capricis de vellesa, es va apuntar a un taller on ella hi anava cada dos per tres. Amancio Ortega va voler caure-li en gràcia la primera tarda que van coincidir allà asseguts i van parlar de mobles reutilitzats i de magdalenes de cirera. Aquella tarda li va demanar amistat al facebook i ella va acceptar. Amancio Ortega va anar feliç al taller de ganxet els dies següents i allò que al principi era només una excusa per arribar a la noia va esdevenir amb l’eufòria amorosa una afició real. Amancio Ortega es va fer devot dels ninos de llana.

Amancio Ortega malgrat tot no va néixer ahir i després de tres, quatres, cinc missatges on proposava a la noia de quedar algun dia per fer un cafè o un te o una llet de soja sense rebre resposta, va obrir els ulls i la hòstia va ser espaterrant. Amancio Ortega va estar dos dies sense sortir de casa. El tercer va decidir que, malgrat tot, els amigurumis seguien amb ell. Amancio Ortega, renovat, avui obrirà una nova marca exclusivament dedicada al do it yourself amb botigues a les principals capitals mundials i centenars de productes fets a casa a preus populars.

Per una nova cultura de la cervesa

(versió del text publicada a la secció Poca broma del setmanari Directa. 9 de gener)

ImagenQuan encara no sabem del cert com acabarà la privatització de l’aigua catalana, el que podem afirmar amb rotunditat és que vendre Aigües del Ter-Llobregat més que una necessitat és una excel·lent idea.  Ningú ha fet palesa encara la principal conseqüència positiva de la venda, més enllà de l’ingrés directe per la operació: l’augment a mig termini del consum de cervesa. La pujada en el preu final de l’aigua pel consumidor, derivada de la propietat privada de la gestió del cicle en la seva totalitat, desincentivarà el seu consum. Un producte de baix cost i tan saludable o més que l’aigua, com és la cervesa, podria aparèixer com a perfecte substitut. Els incentius econòmics i els beneficis poden superar amb escreix les primeres reticències.

En primer lloc suposaria un impuls extraordinari a la indústria cervesera i comportaria un augment de l’ocupació. Seria sobretot entre les grans empreses del sector i no entre les artesanals, al ser les primeres les principals productores de cervesa del que podem anomenar gamma baixa. Potser la Xibeca de Damm seria la gran beneficiada en aquest procés de substitució per les seves similituds amb l’aigua i per la seva implantació al carrer. No cal argumentar que per fer una camamilla o per bullir la pasta va millor una cervesa lleugera que qualsevol sofisticació artesanal.

De retruc la cultura cervesera augmentaria i tots sabríem apreciar les virtuts de la doble malta o l’alta fermentació, amb el que implica de prestigi davant els europeus del nord. A qualsevol jove emigrant cridat pel miracle alemany li resultarà molt més fàcil integrar-se a aquella societat amant de la cervesa. Entre els nens i nenes, per altra banda, el canvi esdevindria popularíssim i els permetria encarar la manca de recursos escolars amb una certa alegria. De la mateixa manera la gent gran tindria menys consciència de l’escassetat en els seus darrers anys. Es reduiria a més l’esperança de vida i posant la piràmide demogràfica a lloc acabaríem d’una passada amb el problema secular de les pensions.

Per últim, atès que a Catalunya no hi cap tothom, l’hegemonia de la cervesa facilitaria el retorn als seus països dels immigrants musulmans, incapaços d’adaptar-se a una cultura fonamentada en les virtuts de l’alcohol. L’única pega és la coneguda tirada per la beguda de llatinoamericans, xinesos, andalusos i gallecs, amb el que s’hauria d’intentar evitar l’efecte-crida. Tot i així, l’alcoholització massiva dels pobres apaivagaria una conflictivitat social preocupant en aquest context de crisi.

En resum, doncs, cal privatitzar ATLL per donar pas a una nova cultura de la cervesa que faci de Catalunya un país de futur capaç de superar la crisi amb un somriure idiota a la cara.

Adrián Crespo. Catedràtic d’Economia de la Universitat de Columbia

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