La gracia del reponerse

(publicado originalmente en Hay Timba)

No soy culé, que vaya por delante. No lo soy sencillamente porque nunca me ha gustado el futbol y ahora que empiezo a verlo en los bares tampoco lo entiendo. Ni papa de estrategia. No puedo más que fijarme en la pelotita y en si la llevan los muñecos del color que toca o los otros; si juegan bien o no, si los señores están bien colocados o no, son sutilezas que se me escapan. Pero aún no siendo aficionado, por la presión del entorno y porque es una buena excusa para beber y gritar, sigo los partidos con interés del lado del Barça, como un forofo más. Exacto, les habla un advenedizo repugnante.

Digo todo esto porque, hasta cierto punto y aun sin entenderlos, he vivido algunos de los recientes éxitos del Barça y puedo comprender la frustración de perder anoche la Copa del Rey. Lo que no entiendo es el mal humor que dura más de diez minutos. Lo que no solo no entiendo sino que además me parece ridículo, y ahora entramos en materia, es esto:



Es la derrota vivida diez minutos antes de que acabe el partido, cuando pierden solo de un gol y la remontada es posible. Es la afición culé ofreciendo el culo en masa antes de que nadie se lo pida, en vez de animar como perros locos hasta el último segundo. Es una demostración palmaria no de no saber perder, que ya es jodido, sino de no saber gestionar la moral en pleno encuentro. Si Messi, Piqué o Afellay, que entró tarde, fueran en este sentido como su afición, demostrarían ser jugadores de tercera regional, despojos amateurs. Es parangonable, y ahí voy, a dejar perder un heads-up, un cara a cara final tras un torneo larguísimo, porque el contrincante tiene diez veces más fichas que nosotros.

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