El porqué de los distintos votos de la CUP en torno a la soberanía

(artículo publicado en Diagonal el 5 de febrero de 2013.
Foto de Albert Garcia
)

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No hubo periodista en las entrevistas posteriores a las elecciones catalanas del 20N que no le preguntara al nuevo diputado David Fernández por su definición metafórica de la Candidatura de Unidad Popular como “caballo de Troya” de las clases populares. Les resultaba difícil enmarcar el papel y la estrategia de esta formación en el Parlament, que si está ahí es más para denunciar y hacer visibles las alternativas que para ser una fuerza parlamentaria al uso. Nos cuenta Fernández que para la CUP la política institucional es “una herramienta más”, un instrumento que hace de caja de resonancia de todos los conflictos por los que los movimientos sociales y la izquierda independentista y anticapitalista llevan años clamando en las calles. Una posibilidad más de juego dentro de un proyecto que sigue siendo municipalista, “a ras de suelo” y de transformación radical desde lo local.

De esta estrategia se deriva su votación, no exenta de polémica, ante la declaración de soberanía y el derecho a decidir del pueblo de Catalunya del 23 de enero. La postura de la CUP ante la declaración impulsada por CiU y ERC fue un sí crítico que se materializó con la abstención de dos de sus diputados y el voto a favor de otro. Como todas las formaciones en el Parlament que están a favor de la autodeterminación había presentado su propia declaración y se había sentado a negociar el texto hasta el último momento. Pidió también una mesa a cinco en la que se incluyera a todos los grupos que de una forma u otra aceptaban el derecho a decidir (CiU, ERC, ICV, PSC). Paralelamente, y con el calendario en contra, las asambleas a lo largo y ancho del territorio fueron expresando su postura. El 15 de enero se reunieron las locales, el 17 las territoriales. Finalmente el sábado 19 de enero se reunió el consejo político durante seis largas horas que sirvieron para plasmar un intenso debate interno que se acabó resolviendo con ese sí crítico y las dos abstenciones.

El porqué de las abstenciones

Si bien había un consenso en torno al mensaje que tenía que enviar la CUP no estaba claro cómo debía plasmarse eso en la lógica parlamentaria. Un sector de la organización creía que la división en el voto no se entendería, que le parecería confusa a la ciudadanía ajena al debate. Finalmente se decidió que dos diputados se abstuvieran pero que a la vez contaran con cierto margen de flexibilidad, de modo que si en los pocos días de negociación parlamentaria que faltaban se conseguía eliminar las referencias a la UE, se lograba que el referente territorial fueran los Países Catalanes, y se reconocía la posibilidad de la desobediencia civil y la necesidad de la participación ciudadana, los tres votos en la cámara serían afirmativos. Únicamente se logró el último punto por lo que se asumió ese sí crítico con dos abstenciones.

Estructura básica de las CUP

En todo el territorio catalán existen un centenar de asambleas locales de la CUP en otros tantos núcleos de población que son la esencia municipalista del proyecto. De estas agrupaciones locales surgen 11 asambleas territoriales, de las que surge un consejo político formado por tres personas de cada asamblea territorial y cuatro miembros del secretariado nacional sin derecho a voto. Este secretariado tiene únicamente funciones de coordinación. A las tres personas de cada territorial se las elige según un criterio básico de pluralidad de modo que los 33 miembros funcionan como “sensores del territorio” y reflejan bien los debates en los ámbitos locales. Paralelamente existen grupos de trabajo sectoriales y abiertos, sobre sanidad, cultura, autodeterminación, antirrepresión, etc.

Abajo del todo en esta pirámide invertida estarían las tres personas que ahora actúan en el Parlament según la máxima zapatista de “mandar obedeciendo” lo que sale de las asambleas. Para ello hay una comisión de seguimiento con miembros de las once territoriales, de las sectoriales y de las organizaciones que dieron su apoyo en la campaña, como Endavant o el Moviment en Defensa de la Terra u otros no independentistas como En Lluita. Se mantienen además reuniones bilaterales con diferentes movimientos sociales –como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca o el Comité de empresa de la Corporación Catalana de Medios, por ejemplo– para cumplir con su compromiso de introducir en el Parlament la voz del pueblo catalán. Evidentemente, en la parte superior de esta pirámide invertida está la asamblea nacional, también abierta, que se reúne con una convocatoria de al menos un mes de antelación

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Per una nova cultura de la cervesa

(versió del text publicada a la secció Poca broma del setmanari Directa. 9 de gener)

ImagenQuan encara no sabem del cert com acabarà la privatització de l’aigua catalana, el que podem afirmar amb rotunditat és que vendre Aigües del Ter-Llobregat més que una necessitat és una excel·lent idea.  Ningú ha fet palesa encara la principal conseqüència positiva de la venda, més enllà de l’ingrés directe per la operació: l’augment a mig termini del consum de cervesa. La pujada en el preu final de l’aigua pel consumidor, derivada de la propietat privada de la gestió del cicle en la seva totalitat, desincentivarà el seu consum. Un producte de baix cost i tan saludable o més que l’aigua, com és la cervesa, podria aparèixer com a perfecte substitut. Els incentius econòmics i els beneficis poden superar amb escreix les primeres reticències.

En primer lloc suposaria un impuls extraordinari a la indústria cervesera i comportaria un augment de l’ocupació. Seria sobretot entre les grans empreses del sector i no entre les artesanals, al ser les primeres les principals productores de cervesa del que podem anomenar gamma baixa. Potser la Xibeca de Damm seria la gran beneficiada en aquest procés de substitució per les seves similituds amb l’aigua i per la seva implantació al carrer. No cal argumentar que per fer una camamilla o per bullir la pasta va millor una cervesa lleugera que qualsevol sofisticació artesanal.

De retruc la cultura cervesera augmentaria i tots sabríem apreciar les virtuts de la doble malta o l’alta fermentació, amb el que implica de prestigi davant els europeus del nord. A qualsevol jove emigrant cridat pel miracle alemany li resultarà molt més fàcil integrar-se a aquella societat amant de la cervesa. Entre els nens i nenes, per altra banda, el canvi esdevindria popularíssim i els permetria encarar la manca de recursos escolars amb una certa alegria. De la mateixa manera la gent gran tindria menys consciència de l’escassetat en els seus darrers anys. Es reduiria a més l’esperança de vida i posant la piràmide demogràfica a lloc acabaríem d’una passada amb el problema secular de les pensions.

Per últim, atès que a Catalunya no hi cap tothom, l’hegemonia de la cervesa facilitaria el retorn als seus països dels immigrants musulmans, incapaços d’adaptar-se a una cultura fonamentada en les virtuts de l’alcohol. L’única pega és la coneguda tirada per la beguda de llatinoamericans, xinesos, andalusos i gallecs, amb el que s’hauria d’intentar evitar l’efecte-crida. Tot i així, l’alcoholització massiva dels pobres apaivagaria una conflictivitat social preocupant en aquest context de crisi.

En resum, doncs, cal privatitzar ATLL per donar pas a una nova cultura de la cervesa que faci de Catalunya un país de futur capaç de superar la crisi amb un somriure idiota a la cara.

Adrián Crespo. Catedràtic d’Economia de la Universitat de Columbia

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