Graf o el Salón del Cómic cuando era joven

Imagen(publicado originalmente en el blog de Dame la voz)

El pasado sábado 13 de abril coincidía con el Salón del Cómic de Barcelona un acontecimiento paralelo, que materializa en nuestra misma ciudad una forma distinta de entender los festivales de cómic. Graf, mini-Salón dedicado al cómic de autor e independiente, reunió a una serie de editoriales, iniciativas y personas más o menos críticas con todo lo que supone ese hermano mayor. Es un festival joven sin las servidumbres derivadas del tamaño, la edad y los compromisos que tiene el otro.

Desde que tengo uso de razón y memoria las polémicas en torno al Salón del Cómic han venido siendo habituales. Aunque todos volvemos un año tras otro por ser el principal acontecimiento del mundo del cómic en nuestro país, le criticamos al Salón por un lado su excesiva orientación a lo comercial y por otro que las historietas queden en demasiadas ocasiones relegadas a un lugar secundario. El Salón como hipermercado y el Salón como feria del videojuego, de Star Wars o de cualquier otro fenómeno cultural que atraiga a visitantes a los que el cómic se la repampinfle.

Supongo que hay que hacer un esfuerzo por entender a los organizadores. Respecto a lo del aspecto ultra-comercial del Salón entiendo que tiene que ver con la naturaleza de Ficomic, que aunque se defina como una entidad sin ánimo de lucro, al fin y al cabo representa a editores, distribuidores y libreros. Como las cifras del negocio son las que son, entiendo que quieran aprovechar el Salón para vender lo que no venden en semanas. Respecto a que la feria se vaya por peteneras y abra sus puertas a cosas que no son la historieta, es de suponer que se hace con la mejor voluntad del mundo; con la de conseguir que niños y mayores que no suelen leer cómics se dejen caer por el Salón atraídos por zombies y robots y que con un poco de suerte se les despierte el gusanillo viñetero al salir.

Entendiendo todo ello, creo que es muy saludable que se celebre un  festival paralelo como Graf, que da un toque de atención a Ficomic y a los lectores en general, al recuperar las esencias de aquellos míticos primeros Salones de los ochenta, volcados apasionadamente en la historieta, de los que tanto nos han hablado nuestros mayores.

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Ressenya de Memorias de la Tierra. De Miguel Brieva

(publicat originalment al setmanari Directa. Abril 2012)

Memorias de la Tierra
Miguel Brieva. Reservoir Books.
192 pàgines. 20,90 euros.

Tres anys després de la publicació de El otro mundo, torna Miguel Brieva amb una recopilació de les pàgines sobre ecologia publicades a El Jueves i al suplement Tierra de El País, amb molt material inèdit afegit. Recopilació curosa perquè acobla les pàgines autoconclusives mitjançant la història d’un alienígena, observador extern de la Terra, que dona sentit al volum. També per les cites a lectures diverses, que ens empenyen, alarmats, a seguir buscant sortides a l’hecatombe.
Amb el flaire apocalíptic de costum, amb referències constants al pop i l’alta cultura i amb un estil proper a Crumb o al també nord-americà Tom Tomorrow, Brieva volca discurs sobre el paper amb el seu habitual recurs a la metàfora satírica. Amb un format, el de la historieta curta, que ha evolucionat respecte Dinero, on predominaven les peces d’una sola vinyeta amb metàfores més condensades i menys narratives.

¿Quién dibujó la biblia de Silk Spectre?

(publicado originalmente en el fanzine Tonterías del Rock, en mayo de 2009)

(foto: TijuanaBibles.org)

The Tijuana Bibles weren’t a direct inspiration for most of us; they were a precondition. Art Spiegelman, aunque pudo ser otro.

Desde que por primera vez en la historia un tal Antonio de Nebrija reclamara los derechos de su obra -según leemos en la Wikipedia española-, decenas de miles de hijos de puta hemos firmado alguna vez nuestras creaciones perdiendo la oportunidad de convertirlas en algo superior, en obras misteriosas y universales a la vez. La autoría es pura cuestión de negocio o en el mejor de los casos un cable que se les echa a los críticos, que de otro modo se perderían el filón de las referencias y el recurso a citas cultas como las que encabeza este artículo.

Todo el mundo sabe que los mejores chorizos son los que no tienen envoltorio plástico ni marca alguna y en los Estados Unidos de la ley seca, en una fecha indeterminada en un lugar desconocido, alguien empezó a producir cómics guarros como chorizos. Eran unos papelillos anónimos, del tamaño de media postal, en los que en apenas ocho páginas se narraba una escena de sexo explícito con personajes famosetes del cómic, del cine o de la política internacional. Como Cary Grant metiendo su polla dura en el culo de un señor, o Gandhi lamiendo coños porque ya no se le levanta, o Wimpy, el de Popeye, dando por detrás a la criada mientras se come una hamburguesa.

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