Democracia de nueve a cinco

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(publicado originalmente en el blog de Dame la voz)

Me entero a raíz de este post de que a Mondragon Corporación Cooperativa, el grupo cooperativo más grande del mundo, se le ha montado un problema gordo porque ofreció a la ciudadanía (no únicamente a los socios) unas participaciones de sus dos cooperativas más emblemáticas, Fagor y Eroski, que ahora la gente, pensando que eran depósitos recuperables, quiere recuperar cuanto antes. No entro a valorar el pollo, que de eso ya se encargó Joan, pero sí que pienso en alguna de las causas probables del mismo. Dado que la oferta de aportaciones financieras subordinadas se hizo en los años de internacionalización del grupo, me planteo si este crecimiento, habitual por otra parte en cualquier gran corporación, no tiene que ver con el actual problemilla de deuda. Es lo que tiene querer ser mayor, que a veces le da a uno por estirar más el brazo que la manga.

En el ámbito cooperativo se suele argumentar a favor de este modelo comparando el mundo de la empresa al de los Estados, lo que bien mirado es bastante razonable: ¿por qué si no toleramos la dictadura como forma de organización política sí la aceptamos con normalidad como forma de organización empresarial? En una empresa de capital manda el jefe y nadie lo pone en duda, cuando como demuestran cada día las cooperativas es perfectamente posible organizarse democráticamente. Dicho esto, y aplaudiendo con fervor que cada día se extienda más el modelo, es evidente que hay tantas formas de democracia en las cooperativas como de democracia en los países. Aunque en ambos países se ha votado quién manda, en términos de democracia no es lo mismo Islandia post-2008 que Venezuela, como convendrán conmigo todos los oportunistas que esta semana se han hartado a hablar mal de Chávez. De igual modo podemos evaluar y distinguir dos cooperativas dadas por su grado de democracia interna, por su horizontalidad en la toma de decisiones. Sin duda uno de los factores que más lo complica es el tamaño de la empresa: en una asamblea de siete tíos es más fácil tomar decisiones democráticamente que en una de quinientos trece. Las grandes cooperativas se acaban pareciendo en su estructura a las democracias representativas a las que nos tienen tan acostumbrados los Estados, con una asamblea de socios (léase Parlamento) delegando poderes en el consejo rector (léase Gobierno), mientras que las democracias más participativas son propias de las cooperativas pequeñas.

Mondragón ha tenido la voluntad de ser una gran corporación para demostrar que una estructura democrática también puede competir en un mercado copado por dictaduras. A pesar de las voces críticas, que a veces son muy malintencionadas y confunden churras con merinas introduciendo el debate nacionalista, no puede negarse que MCC ha sido un éxito económico y social. Habría que plantearse sin embargo en qué tipo de cooperativa pensamos cuando nos imaginamos una sociedad más democrática también en el ámbito de la empresa. A mi modo de ver, no estaría de más dejar de obsesionarse con la competencia internacional y con el discurso del crecimiento. Supongo que también se puede vivir y producir en pequeño, relacionándose en red y según todas esas milongas medio anarquistas que ustedes ya habrán leído últimamente en los periódicos. En cualquier caso, entre una dictadura y una mala democracia yo tengo claro con qué me quedo.

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