Industria y lucha en cuatro siglas

(reportaje publicado originalmente en la sección Saberes del periódico Diagonal, en abril de 2011)

Empezó siendo empresa pública y operó en condiciones de semi-monopolio, acaba de cumplir su sexagésimo aniversario y cuenta hoy con una plantilla de más de trece mil personas. Obviamente no es cualquier cosa. Hablar de SEAT supone hablar, de una tacada, de buena parte de la historia industrial reciente del Estado español. Por eso y por la tradición reivindicativa de sus trabajadores, viendo lo que pasó y lo que pasa hoy en esta particular empresa podemos entender mejor la evolución de la lucha obrera y del sindicalismo en nuestro país.

SEAT cambió de manos en los ochenta, en plena crisis económica, en pleno reacomodo del capitalismo a la recién estrenada democracia liberal en España. Del acuerdo al que llegaron el régimen franquista y la italiana FIAT para fabricar utilitarios en pleno desarrollismo ya no queda nada y ahora es Volkswagen la que desde Alemania impone los cambios, los ritmos y las necesidades de producción. Existen actualmente dos plantas en Martorell, donde se concentra el grueso de la producción, y una en la Zona Franca, que en tiempos fue la única, a las que hay que añadir dos empresas más del Grupo SEAT. Hoy la plantilla, presionada quizá más por la amenaza de la crisis que por la crisis en sí, fabricará el Audi Q3 a cambio de una congelación salarial. Volkswagen puso esta condición a los trabajadores para traer el modelo a Barcelona. La decisión se votó en referéndum, pero con tan poca participación que algunos sectores, como la CGT, no lo consideraron válido. Las fuentes entrevistadas aseguran que en realidad la empresa ya sabía en 2007 que el Q3 se haría aquí.

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La otra población activa

(reportaje publicado originalmente en la sección En Movimiento del periódico Diagonal, en febrero de 2011)

Nova oficina de Treball de La Seu d’Urgell(foto: Generalitat de Catalunya)

La asamblea de paradas y parados de Barcelona, surgida de las campañas de 2009 contra la crisis, reclama a la administración o trabajo o prestaciones sociales dignas

Con la emergencia de la crisis algunas de los problemas inherentes al capitalismo se hacen más patentes y se agudizan los conflictos. Bajo el espejismo del pleno empleo, el desierto del paro, que a finales de 2010 afectaba según los datos de la EPA al 20,33% de la población activa, es la consecuencia más agresiva de una forma de producir en la que los trabajadores son considerados una mera cifra más en el cálculo de los costes de la empresa. En este contexto las asambleas de parados han resurgido como iniciativa de movilización que ya actuaron en otros momentos críticos.

Tres hombres de mediana edad nos reciben por la mañana en un centro cívico en pleno barrio de Sant Pere para explicarnos cómo funciona la asamblea de Barcelona. Uno de ellos, impulsor de esta iniciativa dos años atrás, ya está jubilado, pero recalca la importancia de la solidaridad entre colectivos y de las compañeras y compañeros con empleo que apoyan sus reivindicaciones y participan en sus acciones porque saben que el paro no es solo un problema de las personas desempleadas. Fuera, en la calle, sigue el ajetreo comercial, que en ocasiones eclipsa la situación económica de cada vez más gente sin nada que hacer por las mañanas.

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