Poniéndole puertas al campo

(publicado originalmente en el periódico Diagonal, en noviembre de 2009)

Algo que dura veinte años puede dejar de parecer excepcional si lo miramos con los ojos de la costumbre, aunque sepamos que sigue siendo un hito histórico. A Internet nos hemos acostumbrado tal y como lo conocemos, aunque para las organizaciones de internautas y de defensa de los derechos civiles esto puede desvanecerse en el aire tan rápido como vino. Desde distintos ámbitos institucionales se está negociando, e incluso ya aprobando, un cúmulo de regulación que pondrá fin al caos o a la libertad -según los ojos del observador- en las comunicaciones, y que surge como reacción a las prácticas de los usuarios que desbordan las leyes actuales de propiedad intelectual.

Las Telecomunicaciones y la Propiedad Intelectual (PI). Estos son los dos flancos dispares pero relacionados sobre los cuales se legisla a espaldas o en contra de las nuevas prácticas culturales derivadas del uso de Internet. El objetivo del regulador es el mismo en ambos casos: luchar contra un fenómeno tecnológico y social que el mercado no había previsto. El hecho de compartir –verbo clave para entender la red en su estructura misma- se ve como una amenaza a la industria cultural, que usa como escudo la © del Copyright. Las autoridades se han puesto las pilas y quieren acabar con las fugas de control a escala global, tanto en Madrid como en Bruselas como en Washington DC.

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