Sucios capitalistas. Una defensa política del póquer (y 2)

(artículo publicado originalmente en Hay Timba. Viene de aquí)

En una entrada anterior intenté argumentar por qué creo que no es del todo cierto que el que de más dinero disponga más fácil lo tiene para ganar a póquer. No es un juego para ricos ni por lo tanto socialmente injusto o “de derechas” en sus reglas, si se me permite la expresión. Y sin embargo algo falla, algo sigue oliendo mal cuando uno baja a un casino a jugar tan pancho después de pasarse toda una sobremesa de domingo criticando con el cuñado las injusticias del capitalismo.

Por un lado, el casino no puede quitarse de encima, porque mucho de verdad hay en todo ello, su imagen de garito de blanqueo para malandrines de alto copete o de pasatiempo vacío para viejos de la calle Mandri con americana de tweed. El casino ha sido siempre un espacio burgués que, por usos, costumbres y confusiones ideológicas posmodernas, ha acabado en manos de los hijos de vecino, como el golf, el esquí o los bolsos Tous, ejemplos clarísimos de generalización del pijerío. Y, para ser honestos, que los casinos sean frecuentados por ricos no es argumento suficiente en su contra si detrás no hay razones económicas o sociales para que esto suceda; si pobres y ricos pueden confluir alrededor de una ruleta o de un tapete con la misma facilidad, porque la apuesta mínima es asequible y en el acceso al local no hay gorilas que distingan clases sociales entre los visitantes, no podemos culpar al juego de la presencia mayoritaria de potentados en los casinos.

Pero es que, por otro lado, hay para los críticos de izquierda un elemento como mínimo antiestético en el juego de azar, que desborda el póquer y los casinos y atañe a todo lo que tiene que ver con la apuesta. Ganar dinero gracias al azar es lucrarse sin aportar un producto o servicio que dé valor a la sociedad y sin el esfuerzo que supone el trabajo. Es una ganancia que, por tanto, aliena al jugador de las condiciones de producción de los bienes y rompe con la conciencia obrera de soviéticos sudorosos que mitifica el trabajo como actividad y, para colmo, como espacio de concienciación de clase. Vamos, que el dinero fácil no mola, que si no hay un producto y un trabajo detrás vaya usted a saber de dónde ha salido.

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Sucios capitalistas. Una defensa política del póquer (1)

(articulado publicado originalmente en Hay Timba)

Aparte de mi pertinaz manía de colar faroles en momentos claramente inadecuados, una de las cosas que me preocupa desde hace tiempo respecto al póquer son sus implicaciones políticas y la responsabilidad que conlleva jugar si uno vigila mínimamente por donde pisa. A la mala conciencia, me refiero.

En este sentido, el otro día voy y me encuentro con un metrallazo leído por ahí, en uno de los comentarios a un reportaje sobre el tema en el diario Público, que apunta precisamente a donde escuece. La acusación era sencilla: el póquer es un “juego capitalista” porque “el que de más guita dispone es el que más fácil lo tiene para ganar”. Me preguntarán qué hago yo discutiendo comentarios anónimos. La cosa es que, en fin, no puede ser que uno vaya por el mundo con la cerviz levantada, diciendo que opino esto y lo otro, con esa superioridad moral que da saberse de izquierdas y por lo tanto más guapo, si luego un cualquiera me echa en cara que juego a un juego capitalista. Puedo aguantar, porque me resbalan, las acusaciones morales, las alarmas de ludopatía, las preocupaciones de mi abuela que me quiere más que a las pesetas y las de las beatas que piensan en un señor apostando y ven a Pedro Botero. Las que ya no aguanto tanto son las que ponen en duda mi coherencia política.

El primer argumento en mi defensa, tan posmoderno y tan bienqueda, podría formularse con un contundente “ya, ¿y qué?” que lo que hace es acabar con el debate a la brava, defendiendo que al fin y al cabo no hacemos daño a nadie, que hay cosas más graves por las que preocuparse y que si nosotros jugamos a póquer hay otros perroflautas por ahí que muy perroflautas pero luego calzan nikes, adidas o pumas. En otro contexto me quedaría con este argumento neutralizador, pero a este punto detenerse aquí es muy pobre.

El segundo argumento se centra en una distinción que el comentarista anónimo no creo que conozca y es la diferencia entre los juegos de dinero (traducción patillera de cash) y los torneos. Si bien en los primeros, en los que las fichas tienen valor real, efectivamente los onassis lo tienen más fácil para ganar dinero, porque les dan un valor a las apuestas muy por debajo del que les da alguien con menos poder adquisitivo, en los torneos todo el mundo empieza con las mismas fichas independientemente del dinero en la cartera, por lo que la estructura del juego puede considerarse igualitaria. Se puede objetar que el onassis juega más tranquilo porque el coste de la entrada se la sopla, e incluso que su experiencia puede ser mayor, al tener pudientes para pagar todas las entradas de torneo que le dé la gana; pero el buen jugador, aunque solo pueda jugar ese torneo una vez en la vida, al empezar a mover fichas no tiene por qué hacerlo peor que su contrincante adinerado. Quizá incluso lo hará mejor, precisamente porque valora cada movimiento que hace y procura no pagar envites al tuntún. Obviamente, si el torneo tiene recompras y el jugador puede volver a entrar una y otra vez con solo aflojar la mosca, la cosa se desvirtúa. Digamos, pues, que los buenos torneos son sin recompra.

En los casinos hay torneos relativamente baratos y en internet se puede incluso jugar de forma gratuita con premios en metálico. El ejemplo de Chris Moneymaker, que pagando la entrada de un torneo clasificatorio de 39 dólares acabó ganando las Series Mundiales de Póquer, debería convencernos de que en póquer no ganan los ricos. Me atrevería a decir que ni siquiera a la larga…

Hasta aquí creo haberme ventilado el argumento sencillito del comentarista anónimo de Público. Se me ocurren algunos argumentos anticapitalistas más sólidos, que atañen no solo al póquer sino a todos los juegos de azar, pero como tengo que pensarme una defensa ad hoc patillera los dejo para un próximo post. De momento, como conclusión provisional, digamos que, puestos a jugar, se puede jugar a póquer de muchas formas distintas.

[Sigue en Sucios capitalistas (y 2)]

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